Un viaje en el tiempo

Con cierta curiosidad me dirigí hacia el Estadio Centenario en la noche de ayer: hemos visto y escuchado todo sobre Maracaná, ¿que podíamos encontrar de diferente en una película?

Emoción es la palabra que creo perfecta para describir las 2 horas y media que viví en el Estadio anoche. Comenzando por el decorado, continuando por la pantalla de 20 x 11 (la más grande de Sudamérica), siguiendo por la emotiva presencia del único sobreviviente de aquella gesta: Alcides Edgardo Ghiggia, y finalizando con la película. La frutilla de la torta fue el protagonismo del público.

Impresionante material recolectaron los encargados de producción muy rico en imágenes inéditas y testimonios de los protagonistas (en algunas ocasiones con un perfecto toque de humor en los comentarios de los jugadores y sus familiares), una cronología excepcional de la época, descripción de la personalidad e importancia de Obdulio Varela a través de la palabra de sus compañeros, buen trabajo de edición y sobre todo muy cautivante.  Dicen que el público uruguayo es amargo, pero esta película echo a la basura esta hipótesis: emocionaba sentir la vibración del público presente, las gargantas que se unían para gritar cada gol de Uruguay, acompañar con el sentimiento reflejando cada escena , y uno de los momentos que más me emocionó fue en una determinada escena cuando un futbolista brasileño recordaba aquella final y en medio de su discurso hizo una seña como pidiendo perdón y se puso a llorar: los 11 mil uruguayos que coparon la tribuna América aplaudieron al derrotado como si el estuviera ahí. Esa misma muestra de respeto que dieron los héroes uruguayos hace 64 años en tierras brasileñas, la misma que tiene Ghiggia al recordar la hazaña.

La película estilo documental llamada “Maracaná” nos hizo (y me atrevo a hablar no solo por mi, sino de parte de todos quienes la vieron) viajar más de medio siglo al pasado y vivir una gesta única en la historia del fútbol mundial, una hazaña que no podrá repetirse jamás porque bajo ninguna circunstancia de adversidad podrían reunirse los condimentos que le pusieron aquel sabor amargo a los paladares brasileños en la tarde del 16 de julio de 1950. El aliciente que lleno la noche de emoción fue unir en un mismo momento un lugar y un hecho que nos llenan de orgullo: vivimos el Maracanazo en el Estadio Centenario.

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Valentin Fletcher

Periodista Deportivo. Comentarista en Radio Libertadores de Salto y Locutor en Emisora Ciudad de Montevideo

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